¿Alguna vez te has sentido incomoda por experimentar tu menstruación o has
querido incluso dejar de tenerla? Porque yo sí. Cuando cursaba la secundaria
bastaba con ver la cara que ponían mis compañeros al ver que traía una toalla
sanitaria o un tampón para sentirme sucia. Mi mamá me decía que los productos
sanitarios se tenían que esconder y ni en la basura deberían de poderse identificar
ya que eso era de niñas cochinas.

Desde pequeñas nos enseñan que la menstruación es algo que debemos de
ocultar, vivir con vergüenza, asco, como si fuera una falla. La sociedad nos ha
intentado y continua intentarnos regular constantemente. Nos han hecho creer que
el hombre, varón, niño, señor, como quieran llamarle, es el ser óptimo y como
mujeres solo nos quedan dos caminos: masculinizarnos o servirles. Su control se
extiende a nuestros cuerpos y se comportan como si sangrar una vez al mes sea
algo inexcusable pero que aguantan ya que en su momento les permitirá tener
linaje.

Basta de tener que pasarnos toallas a susurros o esperar que los hombres estén
lejos para hablar de la copa. Basta de tener que escuchar como sarcásticamente
nos dice “¿estás en tus días?, con razón”. 

La mujer no es un territorio de conquista que controlar y limpiar. 

¡Basta! Nuestro cuerpo es y no tenemos por qué pedir disculpas ni escondernos más.

Martha García

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