Hablemos un poco sobre la nueva serie hit de Netflix, Bridgerton. No niego que es bastante entretenida, con personajes divertidos y con una buena diversidad de casting, pero ¿qué es lo que nos transmite? 

En los primeros minutos de la temporada aparece Daphne, la protagonista. Ella es presentada frente a la reina junto con todas las doncellas de la alta sociedad donde la eligen como “la joya de la temporada”. Mujeres juzgando a mujeres determinando cuál de ellas vale más por su belleza y su etiqueta. Y claro que la más bella de todas es blanca y delgada, la representación visual de la pureza y la inocencia. 

Posteriormente, nos adentramos al mundo de Daphne. La competencia y enemistad entre mujeres en la carrera para conseguir un buen marido; porque de eso va a depender su estatus económico y su postura en la sociedad el resto de su vida. Donde además, si ellas se atreven a hacer algo más que tomarle la mano a un pretendiente o si ellos se sobrepasan con ellas, su virginidad es cuestionada y se les etiqueta como algo “dañado”. 

Comienza su enredo con Simon, un hombre mayor, de rango más alto que el suyo y con mayores conocimientos del mundo (especialmente sexuales). La relación parte desde niveles de poder distintos, en donde el duque tiene completa ventaja sobre Daphne en todos los aspectos; ya sea por edad, rango o experiencia. Normalizando algo que ocurre demasiado en nuestra sociedad, los hombres de 24 años queriendo salir con niñas de 16. El aprovechamiento de la inocencia e inmadurez en relaciones en las que, desde el inicio, la balanza se inclina hacia un lado. 

A lo largo de la serie se nos demuestra la enorme falta de educación sexual que existía en la época, especialmente en las mujeres. Y eso se vuelve parte de lo que hace la relación de Simon y Daphne algo peligroso. Un hombre mayor con experiencia sexual enseñándole a mantener una relación física a una mujer virgen e incrédula, algo que la vuelve más atractiva y deseable. La ignorancia, delicadeza e inocencia se demuestran como incentivos sexuales para un hombre, pero estas características describen perfectamente a una niña o niño. Contribuyendo a la hipersexualización de menores de edad que eventualmente llega a niveles de acoso o abuso. 

La pareja comienza a demostrar patrones de una relación tóxica, en la que predomina la falta de comunicación y la repartición de culpas. La falta de educación sexual de la duquesa más tarde se refleja en una violación, en donde ella forza a su esposo a continuar teniendo sexo después de que él claramente ya no quiere hacerlo. Y continuamos en un espiral en el que se romantizan los comportamientos preocupantes y se demuestran de una manera deseable. 

El problema en todos estos aspectos es la manera en que se cuentan los hechos. No es una serie histórica que nos quiere demostrar como era la vida en los 1800s, o un programa que nos ayude a identificar patrones de conducta no deseables, sino que normaliza y romantiza varias situaciones que hoy en día son alarmantes. Disfraza los comportamientos tóxicos como eventos que ocurren de manera común sin levantar inquietudes ni sospechas. 

Todo esto se nos comunica de una manera que nos parece atractiva, con música, efectos y colores modernos. Y como mencioné al inicio, no niego que es una serie muy entretenida; pero tenemos que tener cuidado con lo que nos parece algo “normal” cuando no lo es, cuando en realidad son señales de humo indicándonos que salgamos de ahí. 

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